

TENER TODOS LOS PERMISOS NO NOS HACE INFALIBLES: NOS HACE MÁS RESPONSABLES
Esta semana dos noticias relacionadas con los animales de compañía nos han obligado a reflexionar. Dos noticias diferentes, pero con un denominador común: el trato inadecuado hacia los animales y la constatación de que el maltrato puede aparecer en cualquier ámbito de nuestra sociedad, incluso por omisión de los cuidados que un animal necesita.
Hace unos años probablemente no hubiera sido habitual encontrar noticias de este alcance. Y menos aún cuando alguna de ellas afecta a centros autorizados y legalizados, establecimientos que precisamente deberían representar profesionalidad, conocimiento y responsabilidad. Desde una asociación profesional podríamos mirar hacia otro lado. No vamos a hacerlo.
Es especialmente lamentable que un centro autorizado, con sus permisos administrativos y conocido además dentro del ámbito del adiestramiento canino, aparezca en los medios de comunicación por unos hechos de la gravedad de los investigados esta semana. Pero esconder una noticia porque perjudica la imagen del sector no ayuda al sector.
LA PROFESIONALIDAD NO NOS HACE INFALIBLES
La mayoría de quienes decidimos trabajar profesionalmente con animales comenzamos probablemente por la misma razón: nos gustan los animales.Y convierten esa pasión en profesión pensando encontrar el trabajo con el que pasar el resto de su vida. Y existen muchas formas de hacerlo. Cría profesional, protección animal, centros de acogida, adopción, residencias, alojamiento temporal, educación y adiestramiento, servicios especializados y otras muchas actividades vinculadas a los núcleos zoológicos y al cuidado profesional de los animales de compañía.
Pero querer a los animales no nos hace infalibles. Tampoco nos convierte automáticamente en buenos profesionales. Porque incluso el amor puede entenderse mal. Porque las circunstancias personales pueden cambiar. Porque puede aparecer el agotamiento, la pérdida de control de una instalación o una mala gestión. Y porque, desgraciadamente, en determinadas ocasiones el interés económico puede terminar imponiéndose sobre aquello que inicialmente fue una vocación.
Cuando cualquiera de esas cosas sucede, siempre existe una parte especialmente vulnerable: los animales.
LA SOCIEDAD ESTÁ CAMBIANDO
Los acontecimientos conocidos esta semana son también una señal de algo positivo. Por un lado, hemos conocido la intervención en un centro dedicado al alojamiento y adiestramiento canino. https://www.interior.gob.es/opencms/es/detalle/articulo/Investigados-los-dos-propietarios-de-una-escuela-canina-por-presunto-maltrato-animal-en-Navalcarnero-Madrid/
Por otro, una resolución judicial ha vuelto a poner sobre la mesa algo fundamental: el maltrato animal también puede producirse por omisión, cuando quien tiene la responsabilidad sobre un animal no proporciona los cuidados y el seguimiento veterinario que su estado requiere. https://www.animalshealth.es/animaladas/condenado-maltrato-animal-omision-prolongada-cuidados-veterinarios-perra-con-leishmaniosis?utm_source=chatgpt.com
Son situaciones diferentes, pero ambas muestran una transformación profunda. No solamente está cambiando la legislación. Está cambiando la sociedad. Conductas que hace años podían permanecer invisibles, normalizarse o considerarse asuntos menores generan ahora rechazo social, actuaciones administrativas, intervenciones policiales y, cuando corresponde, consecuencias judiciales.
Eso no debería incomodar a los buenos profesionales. Debería exigirnos ser todavía mejores.
MENOS ANIMALES, PERO MEJOR ELEGIDOS
Paralelamente, desde distintos ámbitos de la protección y de la cría profesional se empieza a percibir y comentar una reducción del número de familias que deciden adquirir o adoptar un animal. A primera vista podría interpretarse como una mala noticia. Nosotros creemos que puede ser exactamente lo contrario.
Durante demasiado tiempo tener un perro o un gato fue una decisión relativamente sencilla. Cualquiera podía adquirirlo, recibirlo o incorporarlo a su domicilio. Pero tener un animal dentro de una casa no significa necesariamente haberlo incorporado a una familia.
Existe una enorme diferencia. Un animal integrado en una familia participa de su organización, de sus vacaciones, de sus cambios de domicilio, de sus dificultades económicas y de las distintas etapas de la vida. Un animal que simplemente ocupa un espacio físico puede convertirse en un problema cuando cambian las circunstancias. Y demasiadas veces sabemos cuál ha sido el resultado de esa diferencia: el abandono.
Por eso, si actualmente existen personas que, ante las obligaciones económicas, sanitarias, educativas y sociales que supone convivir durante muchos años con un animal, deciden finalmente no adquirirlo ni adoptarlo, quizás no tengamos delante un fracaso. Quizás tengamos delante una sociedad que empieza a decidir con mayor responsabilidad. Preferimos menos incorporaciones impulsivas y más familias verdaderamente comprometidas.
UNA AUTORIZACIÓN NO ES EL FINAL DEL CAMINO
También debemos hacer autocrítica como profesionales. Conseguir una autorización, registrar un núcleo zoológico, obtener una licencia o cumplir inicialmente determinados requisitos administrativos no constituye un certificado permanente de buena praxis. No debería ser entendido como una meta.
Es el punto de partida. Quien asume profesionalmente la responsabilidad sobre animales tiene una obligación mayor precisamente porque dispone de conocimientos, medios y autorizaciones que otras personas no tienen. Por eso debemos aceptar las inspecciones, la trazabilidad, los controles veterinarios y la fiscalización de nuestra actividad como elementos inherentes a una actividad profesional.
Y cuando dentro del propio sector se producen hechos graves, debemos ser los primeros en rechazarlos. No porque queramos perjudicar nuestra profesión. Precisamente porque queremos protegerla. Una actividad profesional seria no se prestigia ocultando a quienes actúan incorrectamente. Se prestigia diferenciándolos claramente de quienes cumplen cada día con sus obligaciones.
HACERLO VISIBLE TAMBIÉN ES PROTEGER
Probablemente seguiremos viendo noticias desagradables.
Algunas afectarán a particulares. Otras a protectoras. Otras a criadores, residencias, centros de adiestramiento o cualquier otro ámbito relacionado con animales de compañía. No debemos tener miedo a que se hagan públicas. Debemos preocuparnos cuando dejan de sorprendernos.
Cada actuación administrativa, cada inspección, cada investigación y cada resolución judicial correctamente fundamentada contribuye a establecer dónde están los límites que nuestra sociedad exige en su relación con los animales. Y también obliga a todos los que hemos elegido trabajar con ellos a recordar algo esencial:
el permiso nos autoriza a desarrollar una actividad.
La profesionalidad tenemos que demostrarla todos los días.
Y cuanto mayor sea nuestra responsabilidad sobre los animales, mayor debe ser también nuestra exigencia. Ese es el sector profesional que debemos construir.



